Juan Pablo II: Santo Súbito

19 01 2011

La semana pasada trascendió en los medios una noticia que sin duda alegró a muchos, y es la beatificación de Juan Pablo II para el 1 de Mayo de este año, así lo aclamaba la multitud reunida en la plaza de San Pedro en abril de 2005 durante su funeral, quienes a un solo grito decían “Santo Súbito (Santo ya)”.

Merecidamente Juan Pablo II está cada vez más cerca de los altares, fue un hombre que sin duda marcó a todos con su visión de las cosas, fueran o no cristianos. Su pontificado abriría un parte aguas por su cercanía hacia las personas, especialmente con los que sufren.

Desafortunadamente, hay quienes sin estar suficientemente informados opinan que esta decisión del Papa Benedicto XVI de beatificarlo obedece más a una maniobra desesperada por revertir los efectos de los casos de abusos por parte de algunos consagrados que por la verdadera vida ejemplar y de Santidad que llevó Juan Pablo II, y el objetivo de este artículo es demostrar que están erradas estas suposiciones.

Hace tiempo leí el libro de Valentina Alazraki “En nombre del amor” como una de tantas fuentes fidedignas que existen en torno a Juan Pablo II, y que hoy se vuelve una referencia obligada para darnos cuenta que hay elementos suficientes para promoverlo a los altares. Valentina Alazraki se caracterizó por ser la comunicadora más cercana a Juan Pablo II, atestiguó durante los 27 años que duró su pontificado una experiencia sin duda inolvidable, llevando a los televidentes de habla hispana los momentos más importantes en la historia del Papa Viajero.

El pontificado de Juan Pablo II se caracterizó por su calidez hacia la gente, especialmente con los que experimentan el sufrimiento bien sea por enfermedad, o por el dolor de diversas pérdidas. Desde su primer día como Papa visitó a los enfermos y se solidarizó con ellos, dándoles con sus palabras, abrazos y bendiciones, la fuerza necesaria para seguir adelante. Fue un Papa que predicó con el ejemplo, pues en muchas ocasiones estuvo hospitalizado por diversas causas, desde su atentado que casi le cuesta la vida hasta cirugías que fueron deteriorando su cuerpo, pero no su espíritu.

A decir de muchos de los que experimentaron el sufrimiento de la enfermedad, Juan Pablo II les enseño con el propio sufrimiento de los últimos años de pontificado, a aceptar plenamente el dolor y mostrarlo al mundo, ya que los hombres necesitan ver que además del dolor propio, existe también el de los demás, que se necesita compartirlo para poderlo soportar.

Una clara muestra de esta solidaridad hacia con los que sufren fueron sus visitas a la casa del corazón puro de Calcuta, y a la misión Dolores en San Francisco, donde entró en contacto con la dura realidad del SIDA y les manifestó su solidaridad y el mensaje de que el Amor de Dios alcanza a todos por igual, mientras que de la Casa del Corazón Puro afirmó que ese lugar hablaba de la profunda dignidad del ser humano, la cual en el contexto de la primacía del Amor, no puede ser borrada por la enfermedad y los sufrimientos.

Quienes también quedaron marcados gratamente por Juan Pablo II fueron los judíos, nuestros hermanos mayores en la Fe, como lo afirmara en su histórica visita a la principal sinagoga de Roma, los ahí presentes lo describieron como un gesto de reconciliación mutua inolvidable, en el que al Papa le bastó recorrer poco más de un kilómetro para sanar las heridas que la secular hostilidad y la mutua indiferencia de algunas etapas en la historia como el holocausto habían dejado entre nosotros. Los judíos recuerdan a Juan Pablo II como un artífice de paz, como uno de los hombres más importantes del siglo XX por su capacidad para acercar a los pueblos, unir a las naciones, comprender y tolerar. Su viaje a Tierra Santa fue para él un sueño que quería cristalizar desde la primera Navidad de su pontificado, y en el que hizo un apremiante llamado a judíos, musulmanes y cristianos para que incrementaran y mejoraran su diálogo con el objeto de servir a la humanidad.

Pero en definitiva fuimos los jóvenes quienes encontramos en Juan Pablo II un guía, confidente y amigo, nunca se cansó de decirnos que constituimos el fututo de la sociedad, que debemos cimentar nuestra vida en torno a Cristo y no en falsos ídolos como el placer y el dinero. Fue alguien que se supo hacer joven junto a nosotros, entendió nuestra realidad y supo transformarla positivamente. Gracias a él nuestra Fe se fortaleció. Fuimos nosotros quienes le gritamos “Non Mollare Mai” (No te rindas nunca) cuando los medios y diversos sectores pedían que renunciara por su complicado estado de salud. El nos enseñó a no tener miedo y dar lo mejor de nosotros hasta el final, hasta que, como él, seamos llamados nuevamente a la casa del Padre.

Como conclusión, su pontificado, el tercero más largo de la historia, marcó positivamente la transición de la historia a finales del siglo XX e inicios del nuevo milenio. Sin duda es merecida su promoción a los altares, es un hombre al que le tocó vivir en carne propia muchos sufrimientos, como quedar completamente sólo desde muy joven, la invasión Nazi a su natal Polonia, y los estragos ocasionados por el comunismo. Por todo lo anterior fue un férreo defensor de la Dignidad del Hombre y esa visión se la imprimió a todo cuanto hizo.

Personalmente les recomiendo el libro de Valentina Alazraki, porque para hablar en su totalidad de toda la influencia que tuvo Juan Pablo II, este artículo es claramente insuficiente, y como les he mencionado, el libro de Alazraki se vuelve referencia obligada, y al igual que a ella, a millones de personas nos dará mucha alegría que este 1 de Mayo el Papa Benedicto XVI lo beatifique, porque para nosotros, el ya es Santo. Será pues, por mucho, de las mejores noticias de este 2011.

Ing. Juan Ricardo Solís Mendoza.

Twitter: @rsolis83

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27 01 2011
Sara

Muuy pero muy buen artículo… espero pronto tener el libro para leerlo, seguro que es asi como de “el libro que TIENES que leer”.

Gracias por la recomendación

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